¿El gobierno Duque se está equivocando con la minga?

Prácticamente nadie entendió el viaje al Cauca del comisionado de Paz, Miguel Ceballos, mientras los indígenas están esperando hablar con el presidente en la plaza de Bolívar. ¿Está funcionando la estrategia del gobierno con la minga?

La minga indígena. Ese es el tema que en los últimos días ha dominado el debate en el país político y en el país nacional. Como ocurre en casi todos los gobiernos, a Iván Duque le tocó sortear el momento en el que la comunidad indígena se rebela y se organiza para exigir al Ejecutivo el cumplimiento de las llamadas “deudas históricas” que el Estado tiene con ellos.

Ahora, hay que decirlo, en la Casa de Nariño esta problemática no se está manejando bien. Más allá de si las exigencias que hacen los indígenas son o no justificadas, a situaciones como esta debe dárseles un manejo hábil y eficiente, cosa que en estos días no se ha visto. En primer lugar, la minga nunca debió haber llegado a Bogotá. Esta situación, en esencia, se debe a la negativa del Gobierno a haberse reunido con los indígenas en el momento y en el lugar adecuado.

El Gobierno no podía dejar que esto se convirtiera en un pulso de dimensión nacional pero, por una estrategia a todas luces inadecuada, fue justamente eso lo que logró.

Si el presidente Duque hubiese viajado a los territorios y se hubiera reunido con los indígenas, seguramente nada de esto estaría pasando. Pero eso no ocurrió. El Gobierno no accedió a esa posibilidad en su momento y a la minga no le quedó de otra que empacar maletas, subirse a las chivas y arrancar para la capital.

Una vez en Bogotá, los líderes indígenas fueron recibidos por la alcaldesa Claudia López, y se quedaron a la espera de una respuesta del presidente. Este ha dicho en varias ocasiones que estaría dispuesto a reunirse con una delegación, pero en los términos que él plantee y sin ceder ante la presiones.

Justo cuando se estaba a la espera de que bajaran esas tensiones entre Palacio y los indígenas, el gobierno tomó una decisión que realmente nadie entendió. Mientras los indígenas emprendieron su viaje desde el Cauca hasta Bogotá para ser escuchados, el gobierno mandó a Miguel Ceballos, alto comisionado para la Paz, a reunirse con los indígenas en el Cauca.

Esa estrategia no pudo ser más equivocada. A la luz de hoy, aún no es claro porqué el gobierno envía a un alto funcionario a dialogar en el Cauca con indígenas, mientras los máximos líderes que vinieron del Cauca justamente a eso están esperando ese diálogo parqueados a escasos metros del palacio presidencial. Es una paradoja que parece más propia de la literatura que de la realidad política.

Es cierto que el Gobierno tiene una serie de argumentos que algunos pueden considerar válidos: 1) Hay que evitar el contagio y las aglomeraciones; 2) el presidente no se va a someter a un juicio político; 3) el año pasado el Iván Duque viajó al Cauca a reunirse con los indígenas y ellos no aceptaron el lugar que la seguridad presidencial dispuso; 4) la minga tiene un componente político. Todo eso puede ser cierto pero, a decir verdad, a esto no se hubiera llegado de no ser por los errores del Ejecutivo.

ingún problema habría en que el presidente se reuniera con los líderes indígenas. Contrario a lo que puedan pensar algunos en Palacio, eso no sería visto como un gesto de debilidad sino, al contrario, como uno de grandeza.

También es cierto que cuando el jefe de Estado fue a Caloto, Cauca, los indígenas no aceptaron reunirse en un lugar que garantizara las condiciones se seguridad para el primer mandatario. Pero el tema es que ahora los líderes de esas comunidades están en Bogotá. El presidente no tendría que trasladarse a ninguna parte y la reunión podría hacerse en el lugar que su esquema de seguridad considere pertinente. Y, por último, el gran interrogante: si los líderes indígenas vinieron del Cauca hasta la capital, ¿qué hace un funcionario del Gobierno viajando hoy hasta allá?

La respuesta de Ceballos es que se trató de una reunión que estaba pactada desde antes y que ese compromiso se tenía que respetar. Eso, así sea cierto, no explica la falta de habilidad política que refleja ese viaje inoportuno.

Las cabezas del Gobierno han dicho que no entienden la intransigencia de los indígenas al exigir una reunión con el propio presidente. Varios funcionarios han afirmado, con algo de razón, que hay siete ministros involucrados en el proceso de dialogo. Para el Ejecutivo eso suena más que suficiente. Se trata de funcionarios competentes e importantes. Pero lo cierto es que los indígenas quieren hablar con Iván Duque y no con sus emisarios. ¿No sería muy fácil dirimir esas tensiones con una simple reunión?. Seguramente sí.

Esto, además, llega un día antes de que la gente salga a las calles en el marco del paro nacional. Si el Gobierno no modifica su discurso y entiende que, en este episodio, está manejando las cosas mal, esos dos factores podrían sumarse y llevar a la gente por días a manifestarse en las calles, ahí sí, aumentando sustancialmente los riesgos del contagio…

Tomado revista Semana

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